Os axóuxeres son obxectos sonoros de cores moi vivas para entreter aos cativos e cativas. Este blogue pretende ser un espazo onde poder realizar o intercambio de experiencias, amáis dunha proposta motivadora de integración das TIC ás miñas clases. Desexo que sexa enriquecedor e motivante para a vosa e a miña formación.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Sueños en Prosa o en Verso

El NOMBRE, El GRUPO NOMINAL



El Mundo de la Fantasía


CADA VEZ QUE MUERE UN SUEÑO 
El lobo mata al cordero
y a la gacela el león.
Mata la araña a la mosca
y a la paloma el halcón.
El lince mata al conejo
y el gato mata al ratón.
           Al hombre le mata el hombre,
                                                                     pero… ¿quien mata al dragón?
                                                                             Cuando se renuncia a un sueño,
                                                                         o a la magia o la ilusión,
                                                                         cada vez que esto sucede,
                                                                          entonces, muere un dragón.    





¿Puede haber un cuento aburrido en el que se hile este carrete? :

Donde hay un dragón… hay un caballero,
donde hay un caballero… hay una princesa,                                
donde hay una princesa… hay un castillo,
donde hay un castillo…  hay un foso,
donde hay un foso… hay un cococrilo….   ¿Sigues tú?







Cuando terminamos el carrete, una frase por cada participante, aliñamos la historia con verbos, adjetivos y algún adverbio.
¿ Y si además la ilustramos? 




“De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo… Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria”.
                                                               Jorge Luis Borges.


La ilustración es de: André Neves.
CONTAMOS CUENTOS: El señor Rufino y la noche
El señor Rufino y la noche




El señor Rufino era el anciano de gesto amable y bigotes blancos, vestido siempre de verde, que vivía en el piso de en frente. Decía papá que había trabajado toda la vida de sereno, pero nosotros no sabíamos qué era aquello.  




- A lo mejor es el masculino de sirena – decía la cursi de mi hermana. 




- Claro, y vivía aquí que no hay mar… - le respondía yo enfadado. 



- Tal vez es que tocaba una sirena – seguía insistiendo con el tema mi hermanita. 



No supimos el significado de sereno hasta que una tarde nos cruzamos con el señor Rufino en el portal. Estaba empezando a atardecer. Nosotros volvíamos del parque y él se marchaba a dar un paseo. Ahora que lo pienso, el señor Rufino siempre salía de noche. 



Esa vez, cuando nos lo encontramos, mi hermana, que es un poco bocazas y siempre está metiendo la pata, le miró con ojos extrañados y le preguntó:



- ¿Es verdad que usted de joven tenía una cola de sirena? 



Y dale con las sirenas, a veces a mi hermana habría que taparle la boca con esparadrapo para que no diga tantas tonterías. Pero gracias a su ocurrencia, supimos lo que era un sereno. El señor Rufino nos lo explicó. 



Los serenos eran señores que durante muchos años se dedicaban a caminar por las calles de noche encendiendo las farolas, vigilando el vecindario y cargando un montón de llaves que abrían todas las puertas. Pero con el tiempo, la función del sereno había dejado de ser importante. Así que el señor Rufino se había jubilado.



Desde aquel momento, mi hermana y yo admiramos más todavía al señor Rufino. ¡Un hombre que enciende las farolas, con lo altas que son! ¿No me digáis que no es cosa de magia? Además, el señor Rufino era tan misterioso, siempre recorriendo las calles por la noche, con su elegante corbata y su anticuado sombrero verde. 



Hace poco dejamos de verle. Simplemente desapareció. ¿Qué le habría pasado al señor Rufino? Como siempre mi hermana, se lanzó a proponer ideas absurdas.



-No me creo eso que nos contó de los serenos. Seguro que le ha vuelto a salir una cola de sirena y ha tenido que volver al mar. 


Y dale con las sirenas. ¡Qué  pesada es mi hermana a veces! 




Pero yo tengo mi propia teoría sobre el señor Rufino. Justo cuando desapareció, el mismísimo día, instalaron en la plaza unas farolas nuevas, preciosas. En el centro, justo en el centro, había una más grande y más elegante que el resto. Era blanca y verde, igual que el señor Rufino cuando salía a pasear cada noche.  



Ya sé que pensaréis que es una locura. Pero estoy seguro de que el señor Rufino, el sereno, se ha convertido en esa nueva y elegante farola.   








SONATINA

La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte,
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste, la princesa está pálida)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe,
(la princesa está pálida, la princesa está triste),
más brillante que el alba, más hermoso que abril!

«Calla, calla, princesa ,dice el hada madrina;
en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor».

Rubén Darío, Prosas Profanas y Otros Poemas, 1896.



    LA TRISTEZA
 La tristeza es un mecanismo de autodefensa
que tenemos todas las personas para responder
frente a una situación que nos provoca dolor.
Es una reacción natural que nos impulsa


hacia un cambio totalmente renovador
exigiendo aceptar y superar aquello que pasó.
La tristeza está asociada con una pérdida
o bien con la ruptura de cualquier tipo de relación afectiva
pero también puede ser motivada por la soledad. "Nos duele el alma".
Cuando nos invade la tristeza tenemos ganas de llorar, así , sin más ni más,
y eso es algo bueno porque ayuda a exteriorizar todas aquellas cosa dolorosas


Mucho mejor que llorar en un rincón solitario,
es encontrar en la compañía de un amig@,
alguien que nos escuche y nos brinde su apoyo.

























 


Me lo decía mi abuelito



Me lo decía mi abuelito,
me lo decía mi papá,
me lo dijeron muchas veces
y lo olvidaba muchas más.
Trabaja niño no te pienses
que sin dinero vivirás.
Junta el esfuerzo y el ahorro
ábrete paso, ya verás,
como la vida te depara
buenos momentos. Te alzarás
sobre los pobres y mezquinos
que no han sabido descollar.

Me lo decía mi abuelito

me lo decía mi papá
me lo dijeron muchas veces
y lo olvidaba muchas más.
La vida es lucha despiadada
nadie te ayuda, así, no más,
y si tú solo no adelantas,
te irán dejando, atrás, atrás.
¡Anda muchacho y dale duro!
La tierra toda, el sol y el mar,
son para aquellos que han sabido
sentarse sobre los demás.

Me lo decía mi abuelito

me lo decía mi papá
me lo dijeron muchas veces
y lo he olvidado siempre más.

                    José Agustín Goytisolo


Paco Ibáñez 

 






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